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Trocanteritis en personas mayores: cuando la cadera se queja más de la cuenta

A medida que se cumplen años, es normal que el cuerpo dé señales. Algunas son suaves, casi imperceptibles. Otras, en cambio, son más insistentes. Una de esas molestias frecuentes, y muchas veces mal entendidas, es ese dolor punzante que aparece en el lateral de la cadera, sobre todo al caminar, subir escaleras o al recostarse de lado. En personas mayores, no siempre se trata simplemente de “achaques de la edad”. A veces, es trocanteritis.

También conocida como bursitis trocantérica, esta afección puede parecer menor, pero cuando no se trata a tiempo, afecta seriamente la calidad de vida. Dormir mal, moverse con dificultad, perder autonomía… todo eso puede empezar con una pequeña inflamación que pasa desapercibida.

¿Qué es exactamente la trocanteritis?

Imaginemos la cadera como una articulación compleja, donde huesos, músculos y tendones deben coordinarse para cada movimiento. Entre esas piezas móviles hay unas pequeñas bolsas llenas de líquido llamadas bursas. Su función es sencilla, pero esencial: evitar la fricción.

Una de estas bursas se encuentra justo sobre el trocánter mayor, una protuberancia ósea del fémur. Cuando se inflama, aparece la trocanteritis. El dolor, por lo general, se localiza en el lateral de la cadera y se intensifica con actividades cotidianas. Algo tan simple como sentarse o cambiar de posición en la cama puede volverse un reto.

Y aunque no es exclusiva de personas mayores, en ellas es especialmente común por una suma de factores físicos y posturales.

Cómo reconocer sus síntomas

La clave para tratar esta dolencia está en detectarla a tiempo. Muchos mayores sienten molestias pero no las comunican, pensando que son normales a su edad. Pero la trocanteritis tiene señales bastante claras, y merece atención:

  • Dolor lateral en la cadera que puede irradiarse hacia el muslo.
  • Molestia al tocar la zona o al recostarse sobre ese lado.
  • Rigidez matutina o después de estar mucho rato sentados.
  • Empeoramiento tras caminar, subir escaleras o estar de pie.

Estos síntomas pueden confundirse con artrosis u otros dolores musculares. Por eso, es importante que los cuidadores estén atentos y no subestimen las quejas, por más sutiles que parezcan.

¿Por qué aparece en personas mayores?

El paso del tiempo, inevitablemente, desgasta. Pero hay condiciones que predisponen más a esta dolencia:

  • Pérdida de masa muscular y debilitamiento de los tendones.
  • Caídas, aunque sean leves, que afectan directamente la cadera.
  • Problemas posturales, especialmente en personas con movilidad reducida.
  • Uso de calzado inadecuado o caminar sobre superficies duras por mucho tiempo.
  • Enfermedades como artrosis o escoliosis, que alteran la forma de caminar.

Cuidadores atentos, mayores protegidos

En muchas ocasiones, la trocanteritis no se diagnostica porque se confunde con otras dolencias o se normaliza el dolor. Aquí es donde el papel de un buen cuidador se vuelve crucial. Más allá de ayudar a vestirse o cocinar, quienes cuidan a mayores deben saber observar y escuchar.

En ciudades como Madrid, donde no siempre es posible que los familiares estén presentes, contar con cuidadores a domicilio marca la diferencia. Estos profesionales están capacitados para detectar señales de alerta y acompañar en el proceso de diagnóstico y recuperación.

No es solo una cuestión de asistencia física, sino de presencia activa y consciente.

Cómo se diagnostica (y no, no siempre hace falta una resonancia)

Ante la sospecha de trocanteritis, el médico puede hacer un diagnóstico bastante preciso con una buena exploración física. A veces, si hay dudas o si el dolor persiste, se complementa con:

  • Ecografías.
  • Resonancia magnética (en casos más complejos).
  • Análisis del patrón de marcha o postura.

Tratamiento: más allá de pastillas

La buena noticia es que, con un tratamiento adecuado, la trocanteritis mejora. No se trata de inmovilizar al paciente, sino de acompañar el proceso de recuperación con sentido común y apoyo.

Algunas de las medidas más eficaces son:

  • Reposo relativo: nada de estar todo el día en la cama, pero sí evitar movimientos que agraven la molestia.
  • Aplicar frío local unas veces al día para desinflamar.
  • Tomar antiinflamatorios si lo indica el médico.
  • Fisioterapia personalizada: ejercicios suaves para fortalecer los músculos que rodean la cadera.
  • Corregir la postura al dormir o al caminar. A veces, un simple cojín bien colocado ayuda muchísimo.
  • Infiltraciones de corticoides en casos más persistentes.

El valor del cuidado en casa

Seguir un tratamiento es mucho más fácil si hay alguien cerca que acompañe el proceso. Muchas personas mayores, tras el diagnóstico, necesitan apoyo para recordar la medicación, aplicar el frío correctamente, o simplemente hacer los ejercicios indicados sin miedo.

El cuidado en casa no es solo comodidad: es una forma eficaz de evitar complicaciones. Los cuidadores pueden:

  • Supervisar la evolución del dolor.
  • Asegurar que se sigan las indicaciones del fisioterapeuta.
  • Ayudar en los movimientos del día a día, sin forzar la cadera.
  • Motivar al mayor a moverse, dentro de sus posibilidades.

¿Se puede prevenir?

En muchos casos, sí. Prevenir la trocanteritis no es una ciencia exacta, pero hay hábitos que ayudan:

  • Mantenerse activo con ejercicios adaptados.
  • Evitar el sobrepeso.
  • Elegir bien el calzado (¡no más zapatillas blandas sin sujeción!).
  • Cambiar de postura con frecuencia si se pasa mucho tiempo sentado.
  • Consultar ante cualquier molestia persistente.

Dormir bien también es parte del tratamiento

Parece algo menor, pero no lo es. Muchas personas con trocanteritis duermen mal, y eso solo empeora todo. Sin descanso, el cuerpo no se recupera bien y la inflamación no baja.

A veces, una simple almohada entre las piernas ayuda a alinear la cadera y aliviar la presión. Otras veces, hay que adaptar el colchón o cambiar la postura de descanso.

Dormir bien no cura por sí solo, pero sin buen descanso, nada cura del todo.